
En una loma discreta sobre el arroyo Chaperas, el lagar de Pacheco Bajo conserva hoy la huella material de lo que fue un importante centro vitivinícola de los Montes de Málaga. Su emplazamiento, estratégico, pero poco visible desde el camino principal, responde a una lógica productiva y territorial clara: proximidad al agua, dominio visual del entorno inmediato y aprovechamiento óptimo de la pendiente.
Propiedad en el siglo XVIII de Rodrigo Pacheco —y antes conocido como lagar de Jerez—, esta finca se dedicó casi en exclusiva al viñedo para vino seco hasta la crisis filoxérica de finales del siglo XIX. Tras el colapso del sistema vitícola tradicional, la explotación se reconvirtió hacia el pastoreo, el cereal de secano y un arbolado cada vez más presente, anticipando el proceso de naturalización y repoblación forestal que culminaría con la expropiación estatal en 1931.
Aunque el edificio se encuentra hoy en estado de ruina avanzada, siguen en pie los muros perimetrales, la base de la torre de contrapeso, el empedrado original de la nave del lagar, el quintal de la prensa, el pozuelo de decantación, al menos doce tinajas semienterradas en la bodega, la era empedrada y los restos de una antigua alberca asociada a una pequeña huerta de regadío.
Las recientes labores de limpieza y documentación realizadas desde 2023 han permitido recuperar la lectura completa de la nave del lagar y la bodega, convirtiendo a Pacheco Bajo en uno de los ejemplos más didácticos para comprender cómo funcionaba un lagar “típico” en los Montes de Málaga. A diferencia de otros conjuntos restaurados o musealizados, aquí puede observarse el estado real en que han quedado la mayoría de los lagares del parque: estructuras arruinadas, pero todavía legibles en su organización y técnica constructiva.
Identificación y carácter general
El lagar de Pacheco Bajo toma su nombre de Rodrigo Pacheco, propietario documentado en 1771. Con anterioridad era conocido como lagar de Jerez, por Dionisio Jerez, titular en el Catastro de Ensenada (1753). La división posterior de la finca entre herederos dio lugar a Pacheco Alto y Pacheco Bajo, ejemplo de fragmentación hereditaria característica del siglo XVIII.
En 1930 la finca contaba con 48,43 hectáreas. Durante el siglo XVIII estuvo dedicada casi exclusivamente al viñedo para vino seco, sin presencia significativa de manchón natural ni grandes masas arbóreas, lo que evidencia un paisaje intensamente cultivado.
Tras la filoxera, el uso dominante pasó a ser el pasto para ganadería menor, junto con cereal de secano, almendros y olivos, mientras el arbolado natural (encinas, álamos y otras especies) recuperaba terreno progresivamente.
Pacheco Bajo constituye un modelo representativo de lagar tradicional de los Montes: casa-vivienda, nave de pisa y prensa, bodega con tinajas, era cerealista, pequeña huerta de regadío y sistema hidráulico asociado. El conjunto permite comprender la organización integral de una explotación vitivinícola de montaña, combinando producción, almacenamiento, residencia y gestión del agua.
Su estado actual —ruina consolidada pero estructuralmente legible— lo convierte en un caso paradigmático para estudiar la arquitectura productiva tradicional no restaurada.
Ubicación y acceso
Se sitúa a 710 metros de altitud, en la falda oeste de un cerro divisorio de aguas entre las cuencas del Guadalmedina y el Vélez, a unos 13 km en línea recta del puerto de Málaga. Esta posición elevada pero cercana al arroyo Chaperas explica tanto la implantación del lagar como la presencia de huerta y alberca.
El edificio ocupa el extremo de una estribación del cerro, dominando visualmente el tramo alto de la cuenca del Chaperas. El control del territorio inmediato —agrícola e hidráulico— formaba parte de la lógica de implantación de estos conjuntos.
El acceso actual se realiza por pista forestal desde la carretera A-7000 (Málaga–Colmenar), a 1,26 km tras la Fuente de la Reina, recorriendo aproximadamente 2,6 km asfaltados hasta el entorno de la finca. El cercano puente de madera del sendero botánico conecta el enclave con Torrijos y Benefique, integrándolo hoy en un recorrido circular de interpretación ambiental y patrimonial.
Historia y usos agrarios
En 1753, el Catastro de Ensenada documenta 86 obradas de viña (51,91 ha), cifra que asciende a 95 obradas (57,35 ha) en 1771. No se menciona pasero, lo que indica producción exclusiva de vino seco y no de pasa, diferenciándolo de otros lagares mixtos de la comarca.
El arbolado era escaso: algunos frutales, álamos, cipreses y una cañada de guindos, además de una pequeña huerta de una cuartilla (1.509 m²), regada con agua de pozo y dedicada a hortalizas de calidad.
Durante el siglo XIX el viñedo continúa siendo protagonista (80 obradas, 48,3 ha), pero el secano cerealista adquiere peso similar (75 obradas, 45,28 ha), reflejando un proceso de diversificación productiva.
Tras la filoxera, el catastro de 1920 muestra la práctica desaparición del viñedo tradicional, con solo 1,81 ha replantadas sobre portainjerto americano. El pasto se convierte en uso dominante (45,26 ha), acompañado de cereal, olivar y almendral.
En 1931 el Estado expropia la finca por 39.187,66 pesetas para integrarla en el proyecto de reforestación hidrológico-forestal de la cuenca del Guadalmedina, y en 1934 se ejecuta la plantación de pinos. En 1949, la repoblación alcanza el 96,75 % de la superficie total, transformando radicalmente el paisaje productivo original.
Arquitectura y vestigios conservados
En 1753 se describe un edificio completo: cocina, despensa, horno, lagar, bodega, caballeriza, pajar y salas altas. La planta generaba una forma en L, con ala residencial orientada al sureste y ala productiva al suroeste.
La nave del lagar mide 14,91 × 9 m, organizada en dos crujías. La primera, empedrada con cantos y piezas cerámicas, albergaba la zona de prensa elevada 50 cm, impermeabilizada mediante baldosas de 28 cm (equivalentes a un pie castellano).
En el centro se conserva el quintal de la prensa de viga (84 cm de diámetro, una vara castellana), con 60 cm de profundidad documentada. Junto a él, el pozuelo de 1,20 m recogía el mosto para su conducción a tinaja.
La segunda crujía corresponde a la bodega, con suelo de tierra apisonada con cal y doce tinajas semienterradas del tipo tradicional de Lucena. Una conserva un sello alfarero con impronta cruciforme. Este tipo de marcas, habituales desde época romana y comunes en el Medievo y la Edad Moderna, no indican autoría artística, sino control gremial y garantía de calidad en la producción cerámica.
El edificio se levantó con mampostería irregular trabada con mortero de cal y ripios cerámicos; los vanos se refuerzan con ladrillo. El muro cumbrero, construido con cajones de tapia sobre zócalo pétreo, actuaba como elemento estructural y como regulador térmico entre la zona de prensa y la bodega.
En la zona residencial se han identificado restos de revestimientos con incisiones geométricas, probablemente parte de pinturas murales de inspiración urbana del siglo XVIII, lo que sugiere una dimensión representativa del edificio más allá de su función estrictamente productiva.
Nave del lagar, bodega y técnicas constructivas
El edificio está levantado con mampostería irregular trabada con mortero de cal, con ripios cerámicos entre las piedras; los vanos se refuerzan con ladrillo.
El muro cumbrero se construye con cajones de tapia sobre un zócalo de mampostería, técnica documentada en otros lagares, utilizada para separar la zona de prensa de la bodega.
La nave del lagar mide 14,91 m de largo por 9 m de ancho, dividida en dos crujías:
La primera, accesible desde la puerta principal, con empedrado de cantos y cerámica, alberga la zona de prensa, elevada 50 cm, con restos de la torre y la capilla de la viga. El suelo de esta zona era estanco gracias a baldosas de 28 cm (pie castellano) y un zócalo de ladrillo del mismo módulo.
En esta zona se conserva un pozuelo de 1,20 m de diámetro, y en el centro de la sala, el quintal de 84 cm (una vara castellana), con 60 cm documentados de profundidad.
La segunda crujía corresponde a la bodega, con suelo de tierra apisonada con cal y tinajas de fermentación semienterradas a dos tercios de su altura. Se han localizado 12 tinajas del tipo tradicional de Lucena; una conserva un sello de alfarero con impronta cruciforme.
La zona de vivienda se encuentra muy deteriorada, pero se han identificado restos de revestimientos con incisiones geométricas, que indican la existencia de pinturas murales siguiendo modelos urbanos del siglo XVIII.
Agua, alberca y terraza de cultivo
Desde el siglo XVIII se documenta una huerta regada por agua de pozo. Los restos actuales permiten identificar una alberca parcialmente reutilizada para la construcción posterior de la era.
El vaso se construyó sobre losa de hormigón con ripios, con dimensiones visibles de 5,25 × 3,52 m y 1,30 m de profundidad conservada. Su capacidad mínima estimada supera los 11 m³.
En el paramento noroeste se conserva un atanor de desagüe hacia la terraza de cultivo (445 m²). La técnica constructiva —tapial de hormigón— y su integración bajo la era sugieren una fase anterior posiblemente medieval, aunque pendiente de datación concluyente.
La superposición de alberca y era refleja el abandono progresivo del regadío y el tránsito hacia una economía cerealista antes de la conversión definitiva en pasto.
Importancia cultural y patrimonial
Pacheco Bajo constituye un ejemplo representativo de patrimonio etnológico e industrial vinculado a la cultura del vino en los Montes de Málaga.
Su estado actual permite comprender el funcionamiento completo de un lagar tradicional no restaurado: espacios productivos, hidráulicos y residenciales en interacción.
El conjunto ilustra el ciclo histórico completo del territorio: expansión vitícola, crisis filoxérica, reconversión agroganadera, abandono y reforestación estatal.
Las intervenciones recientes de limpieza y documentación comunitaria añaden una dimensión contemporánea de recuperación social del patrimonio.
Curiosidades y elementos singulares
El sendero botánico que arranca junto al puente de madera cercano al lagar permite conectar Pacheco Bajo con Benefique y Torrijos, transformando un recorrido lineal en una ruta circular, acompañada de flora autóctona señalizada.
El lagar quedó en ruinas antes de las reforestaciones de los años 30, por lo que no se conservan testimonios orales de su vida cotidiana; sin embargo, las excavaciones recientes han sacado a la luz la estructura típica de un lagar de planta “habitual” en los Montes.
Muy cerca puede observarse una de las mejores represas de las que se construyeron en los años 30 para frenar la erosión y las avenidas del arroyo Chaperas, elemento clave en la historia ambiental y de protección de la ciudad de Málaga
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