
En la falda norte del cerro de la Reina, el Lagar de Torrijos se alza como el lagar más representativo de lo que fueron los Montes de Málaga cubiertos de viñedos. Vinculado originalmente a los hermanos Antonio y Lázaro Torrijos y Vargas, familiares del general liberal José María de Torrijos, la finca mantuvo una importante producción de vino antes y después de la filoxera, combinándola con olivar, huerta y cereal. Su arquitectura tradicional de los siglos XVIII–XIX, la presencia de un lagar de vino y otro de aceite, una era empedrada, un palomar exento singular y un sistema hidráulico con pilar y albercas lo convierten en un conjunto patrimonial de primer orden. Hoy, reconvertido en ecomuseo y centro de visitantes, Torrijos permite entender de forma directa la vida agrícola, social e industrial que definió durante siglos a los Montes de Málaga.
Identificación y carácter general
El lagar toma su nombre de los hermanos Antonio y Lázaro Torrijos y Vargas, propietarios de la finca a mediados del siglo XVIII y tíos del abuelo del general José María de Torrijos. La asociación popular con el propio general es posterior y, en realidad, inexacta.
La finca alcanzaba unas 39,85 hectáreas en 1930, una superficie menor que Jotrón pero muy significativa en el contexto de los Montes.
Antes de la filoxera (1878) estuvo dedicada principalmente al viñedo para vino. En 1771 se registran 1.600 arrobas de vino, equivalentes a 26.560 litros, cifra que confirma su escala productiva dentro del sistema vitivinícola malagueño.
En la etapa posterior se especializó en un cultivo mixto de viña y olivar, algo excepcional en los Montes, donde la replantación de viña tras la plaga fue muy poco frecuente.
Arquitectónicamente, Torrijos es un modelo de lagar tradicional de los Montes de Málaga: planta cuadrangular en torno a patio, gran nave de pisado y prensado, bodega de fermentación, áreas residenciales, cuadra, trojes, cocina, horno y dependencias de servicio.
Actualmente es ecomuseo y centro de visitantes del Parque Natural Montes de Málaga y se integra en un conjunto de uso público que incluye sendero señalizado, área recreativa, zona de acampada controlada y mirador próximo, configurando uno de los principales nodos interpretativos del parque.
Ubicación y acceso
El lagar se sitúa en la falda norte del cerro de la Reina, a unos 730 m de altitud y a 12,8 km en línea recta del puerto de Málaga.
El edificio se implanta sobre la cumbre de una loma convexa que hubo que rebajar por el suroeste para adaptar el terreno al conjunto arquitectónico.
El acceso actual se realiza desde la carretera A-7000 (Málaga–Colmenar), tomando una pista forestal a 1,26 km de la Fuente de la Reina; el tramo hasta el lagar está asfaltado en sus últimos 1,9 km, lo que facilita su uso como centro de acogida.
Historia y usos agrarios
La hacienda se documenta desde el siglo XVIII, con propiedad inicial atribuida a los hermanos Torrijos y Vargas; más tarde pasa a las familias López–Ruiz, Carreras–López, Moreno–Piñeiro y, ya en el XIX, a Rafael de León y García.
Tras la filoxera y sucesivos cambios de propiedad, la finca es adquirida por los hermanos Valls y Chacón en 1885 y finalmente expropiada en 1930, pasando a manos del Estado para la reforestación con pinos desde 1932.
En 1753 el Catastro de Ensenada registra 61 obradas de viñedo (36,83 ha) como uso principal, con agricultura de regadío para hortalizas de calidad y un pequeño monte bajo.
En el siglo XIX el viñedo crece hasta unas 80 obradas (48,3 ha aprox.), manteniéndose como cultivo central, con arbolado disperso y pequeñas huertas.
La finca contaba con era empedrada vinculada a la trilla —hoy de unos 12,60 m de diámetro aproximado y cerca de 39,5 m² de superficie de trabajo— y horno, lo que refuerza la presencia del cereal dentro de la economía de la finca, aunque no siempre aparezca detallado en las fuentes.
Lo más singular es la replantación de viña con portainjerto americano en el siglo XX, lo que permite que Torrijos continúe produciendo vino cuando la mayor parte de los lagares de los Montes ya habían abandonado este cultivo. En 1920 y 1932 los catastros reflejan superficies combinadas de viñedo y olivar, subrayando la apuesta por una agricultura diversificada.
Arquitectura y diseño
Torrijos responde al patrón de los grandes lagares malagueños del siglo XVIII, probablemente construido en la primera mitad de dicho siglo, con autoría anónima de alarifes locales.
Presenta planta cuadrangular (unos 20 m de frente y 15 m de profundidad), organizada en torno a un patio central que estructura la circulación y los usos.
La nave frontal, orientada al sureste sobre una explanada o ruedo, alberga la zona de pisa y prensado del vino, con una torre de contrapeso de unos 8,5 m de altura y tejas vidriadas en la cumbrera, elemento muy característico.
Las naves posteriores alojaban el moledero de aceite, la cuadra, las bodegas de envejecimiento y los espacios de los trabajadores.
La fachada principal, con puerta de dos hojas tachonadas y balconadas acristaladas pintadas de verde, refleja la voluntad de trasladar al medio rural recursos formales de las casonas urbanas del setecientos. Las ventanas con rejerías de forja y pequeños florones refuerzan esta imagen.
El edificio ha sufrido transformaciones importantes, especialmente en la segunda mitad del siglo XX, cuando se pierde parte de la planta alta y se reordenan espacios para su adaptación como equipamiento público.
Equipamiento vinícola y oleícola
Conserva una gran prensa de viga de 8,38 m de longitud, una de las pocas que siguen en pie en los Montes de Málaga, con alma de ciprés y piezas de quercus y algarrobo adaptadas a los esfuerzos mecánicos y a la humedad.
Asociado a la prensa, se conserva un pozuelo de decantación de forma acampanada, de 3,4 m de profundidad y capacidad superior a 3.700 litros, y seis tinajas de fermentación con capacidades entre 700 y 740 litros.
En la nave trasera se ha instalado un molino aceitero completo procedente de otro lagar (Mora), con un molino de tres rulos metálicos troncocónicos de fundición y una prensa de Ruperto Heaton, equipamiento muy raro en la provincia y especialmente valioso desde el punto de vista industrial.
El edificio conserva también varios humeros de gran tamaño y horno, elementos esenciales para la vida cotidiana de la gañanía y el abastecimiento de jornaleros.
Infraestructura hidráulica, albercas y terrazas
Históricamente la finca contaba con dos manantiales y dos albercas conectadas a un sistema de canalizaciones en atanores —de las que aún se pueden seguir tramos en el terreno— y, más tarde, tuberías de plomo[^1], que desembocaban en el pilar del ruedo frente a la fachada principal. El pilar, fechado en 1842, presenta dos caños con mascarones florales y pilón doble, vinculado a una alberca adosada (reconvertida en aljibe) y a otra alberca separada que regaba las antiguas terrazas de cultivo (hoy zona recreativa). A ambos lados incorporaba losas utilizadas como “restregaderas” para el lavado de ropa, integrando así el sistema hidráulico en la vida cotidiana de la finca.
El sistema original hoy no es funcional, pero se ha documentado en detalle la alcubilla, la atarjea y los dispositivos de decantación, así como la reforma del manantial en 1973.
Las terrazas T1–T7 escalonan la ladera hasta el arroyo del Mirlo y el arroyo Chaperas; en origen fueron huertas intensivas, hoy parcialmente reconvertidas para uso público.
Importancia cultural y patrimonial
El lagar de Torrijos forma parte del reducido grupo de edificaciones rurales protegidas por el PGOU de Málaga (2010). Por su carácter agrario y productivo, el conjunto se adscribe además a las categorías de patrimonio etnológico e industrial.
Es el ejemplo más completo y didáctico de lo que era un gran lagar de los Montes: conserva arquitectura, maquinaria vinícola y oleícola, sistema hidráulico, era, horno, palomar y su entorno inmediato.
Su reconversión en ecomuseo y centro de visitantes refuerza su papel como espacio clave para explicar los modos de vida, las tareas agrícolas y las transformaciones paisajísticas ligadas a la viticultura y a la reforestación.
Curiosidades y elementos singulares
Según testimonios orales, fue el último lagar de los Montes en producir vino, recibiendo camiones de uva cuando otros lagares ya habían cerrado; las colas eran tan largas que los transportistas hacían vida en el propio lagar.
Se conservan relatos de vertidos masivos de mosto al arroyo Chaperas en al menos dos campañas, evidencia indirecta de la gran escala productiva.
Alberga un palomar exento de grandes dimensiones, algo excepcional, pues lo habitual era integrarlo sobre el humero principal. Su interior, con cántaras superpuestas como nidos, da cuenta de la importancia de la palomina, los huevos y los pichones en la economía de la finca.
En el entorno se conserva la bocamina de la mina de plomo “San Pedro y Nuestra Señora del Pilar” (1889), una de las pocas concesiones mineras documentadas en los Montes de Málaga.
El paisaje actual, con madroños, pinos singulares y restos de antiguos cerezales, mantiene vivo el carácter de “vergel” que hoy disfrutan senderistas y visitantes.
En distintas etapas contemporáneas se han registrado actividades de divulgación y celebración vinculadas a la cultura de la vendimia —demostraciones de pisa, elaboración de mosto, uso del horno tradicional y música popular— que reactivan simbólicamente el sentido productivo original del conjunto.
El área recreativa escalonada junto al arroyo Chaperas, con mesas y paneles interpretativos, refuerza el carácter accesible y didáctico del enclave dentro del Parque Natural.
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